Sin tiempo para leer

El informe PISA pone sobre la mesa un problema con la comprensión lectora. Esto, creo, viene de lejos. Hemos desarrollado una capacidad casi ilusoria para leer sin interiorizar. Para avanzar sin mirar atrás. Para vivir sin sentir. Para hablar sin respirar. Vamos con prisa. Nos piden todo para antes de ayer y hacemos las cosas sin pensar. Muchas veces, simplemente por hacerlas. Lo escuchaba hace poco hablando de los consultores. Que somos gente sin alma. Razón no le falta. Pero creo que es bastante más generalizado. Vemos cien reels al día. Cien historias sin despeinarnos. Pero cada vez cuesta más sentarse dos horas en un cine. Leemos cien textos cortos. Muy cortos. Pero es rara avis aquel que abre una conversación hablando del último libro que ha leído. Consumimos una cantidad de información difícil de procesar. Y no sé hasta qué punto lo hacemos. Economizamos cada segundo. Ya no hay espacio para el aburrimiento. Quizá deberíamos tener un poco más de cuidado con la velocidad vertiginosa a la que vivimos. Y de la que, cada vez, parece más difícil escapar.

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